Para hacernos oír muchas veces buscamos la receta secreta para convencer y persuadir. Es en esta búsqueda donde el antiguo concepto japonés del Ikigai puede darnos pistas invaluables.
Los fundamentos del IKIGAI
La primera vez que leí sobre el IKIGAI fue en el libro de Luis Huete “Construye tu sueño 2.0” –100% recomendado, por cierto– y me pareció fascinante este principio de la cultura japonesa, en la que del encuentro de cuatro elementos fundamentales surge tu propósito vital. Lo que amas, lo que eres bueno haciendo, lo que el mundo necesita y por lo que puedes ser recompensado. El Ikigai representa el punto donde la pasión, la profesión, la vocación y la misión se encuentran.
En palabras sencillas sería: trabajar en lo que te encanta y se te da bien, que otros necesitan y que te paguen bien por ello.
Podemos mirar los cuatro elementos uno a uno:
- Lo que amas: eso que te da la vida, que te enciende por dentro, son tus pasiones, tus intereses más profundos. Es aquello que te hace levantarte por la mañana con entusiasmo, lo que te inspira y motiva en cada paso que das.
- Lo que eres bueno haciendo: no se trata solo de un gusto, son tus habilidades únicas, tus talentos innatos y las destrezas que has desarrollado con el tiempo. Es el área donde destacas.
- Lo que el mundo necesita: para servir, servir. En el corazón del Ikigai está la idea de contribuir al bien común. Identificar las necesidades de los demás y buscar maneras de satisfacerlas nos conecta con un propósito más grande que nosotros mismos.
- Por lo que puedes ser recompensado: aunque el dinero puede ser parte de la ecuación, la recompensa puede adoptar muchas formas, incluyendo el reconocimiento, la gratitud y el impacto positivo en los demás. Es la validación externa de la importancia y el valor de tu contribución.
El Ikigai de la Comunicación
Desde que conocí el IKIGAI le doy vueltas pensando cómo este concepto aplicado a la comunicación tiene todo el sentido y nos puede servir de brújula que nos pueda orientar en la búsqueda de comunicarnos efectivamente.
- Lo que quieres comunicar: tus pasiones se convierten en los pilares sobre los cuales construyes tu mensaje. Transmitir lo que realmente te importa te permite conectar con tu audiencia a un nivel emocional más profundo.
- Lo que eres bueno comunicando: tus habilidades comunicativas son las herramientas que te permiten dar vida a tu mensaje: lenguaje corporal, capacidad de síntesis, tus habilidades persuasivas… Sin este ingrediente un buen mensaje puede que nunca alcance al público.
- Lo que tu audiencia necesita: este es el verdadero punto de partida de la comunicación, no sólo de lo que tú quieres hablar, sino qué quieren escuchar los demás. La comunicación verdadera es el otro. Adaptar tu mensaje para satisfacer estas necesidades fortalece la conexión y la resonancia con tu audiencia.
- El impacto que deseas lograr: cuando hablas ¿qué quieres conseguir? Definir claramente tus objetivos de comunicación te ayuda a dirigir tus esfuerzos hacia resultados específicos. Ya sea inspirar, educar, motivar o entretener, tener un propósito claro te guiará en la creación de mensajes coherentes y útiles.
¿Cómo descubrir tu «Ikigai de la Comunicación»?
Al encontrar el punto de encuentro de estos 4 ingredientes estarás en el camino de una comunicación más auténtica y que rinda los resultados que esperas. Descubrir tu «Ikigai de la Comunicación» no solo te permitirá transmitir tu mensaje con pasión y autenticidad, sino que será el fundamento de la relación que tengas con tu audiencia, ya sea el comité directivo, tu jefe directo o tu equipo.
Usa este diagrama cuando estés preparando una conversación o una presentación importante, permite que tu «Ikigai de la Comunicación» guíe tus palabras y verás el cambio –y el impacto– que generas.